La historia de la humanidad y la de Costa Rica no es diferente, ha visto múltiples formas de organización de la producción y distribución de bienes y servicios con solidaridad retributiva, autonomía de gestión y preponderancia del ser humano y el trabajo, que no habían sido visibilizadas como alternativa económica con principios y valores diferentes basados en el interés y la acción colectiva.

Los solidaristas reconocemos que el proceso de globalización ha sido la principal fuerza motriz detrás del crecimiento vertiginoso del comercio mundial, la creciente diversidad global de la producción y de la transformación tecnológica con efectos indudables sobre el desarrollo de las diversas regiones y países del planeta. También notamos que, tal y como este proceso ha venido funcionando, lejos de contribuir a superar algunas dimensiones críticas del desarrollo sostenible, como la desigualdad y el deterioro ambiental está contribuyendo a ampliar las brechas existentes.

O la globalización se humaniza o seremos testigos de aumentos significativos en la inequidad, la exclusión, la insolidaridad social y los riesgos ambientales que van a poner en peligro la posibilidad de que la economía global y la nacional avance hacia niveles crecientes de bienestar colectivo y de cohesión social. No puede haber prosperidad con desigualdad. No puede haber sostenibilidad sin solidaridad.

Como parte de la economía social solidaria, los solidaristas admitimos que su ámbito de acción se da en una economía de mercado y que no busca suplantar el sistema económico predominante, porque reconoce que ese sistema genera riqueza. Más bien se refiere a un camino o modelo alternativo de desarrollo que en vez de privilegiar criterios o reglas del juego centradas primordialmente en la racionalidad del interés individual, la maximización de la ganancia y la competencia entre agentes económicos, promueve que se aprovechen las nociones de eficiencia, cooperación, innovación social y emprendedurismo para impulsar, de manera equilibrada los derechos, las libertades y las capacidades de las personas de manera integral y con ello, generar una mayor justicia redistributiva, con participación democrática auto centrada en las personas. Se trata, ni más ni menos, de lo que D. Alberto Martén llamó visionariamente el Tercer Sistema.

Por eso, para el empresario (a) socialmente responsable, el sector de Economía Social Solidaria no debería de ser una afrenta. Al contrario, ambos sectores deberían de coincidir en que no puede haber “negocios exitosos en sociedades fracasadas” y de que es posible conciliar las nociones de competitividad y generación de riqueza, sin renunciar a las aspiraciones de solidaridad y equidad consustanciales al desarrollo integral de las personas. La clave está en impulsar una cultura de responsabilidad social construida en torno a intereses colectivos e individuales compartidos como base de un nuevo contrato social. ¡En esta tarea encontrarán al solidarismo, como siempre, listo, de frente, equilibrado, conciliador y comprometido!